domingo 15 de agosto de 2010
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sábado 5 de diciembre de 2009
recitado
ni contarte nada sobre mi vida.
Ni tus guiños complices
ni tus palmadas sobre mi espalda
pueden hacerme sentir que la vida continua.
A qué grado vas?
qué vas a hacer cuando crezcas?
voy a ser tu asesino,
el asesino de tu herencia
Yo no te voy a matar,
pero lo que es peor
cuando estés agonizando
y estires el brazo para agarrarte de algo
Yo voy a estar tirado en mi cama..
masturbandome,
mirando como se cae el techo.
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lunes 8 de junio de 2009
reciclando
Tenía ocho años y nos cambiamos a San Pedro, me encantaba esa casa, aunque tuviera una pieza empapelada con los pitufos y me diera miedo dormir ahí. La casa era grande. Mi nana era otra, pero igual la quería. Mi colegio ahora estaba más cerca, pero igual me iba en el bus. En el patio de la casa había un columpio que estaba frente a la pieza donde mi papá guardaba cientos de películas, afiches y accesorios de videos. Cuando pasaba por ahí me metía a esa pieza amarilla y buscaba alguna película nueva de Charlie Brown, a veces tenía éxito y otras no, pero la sensación de estar ahí me hacia sentir bien. Estaba en el que en ese entonces era el mundo de mi papá, o por lo menos el que yo creía que era su mundo.
Ese año recibí mi primera bici. Era navidad y en Conce llovía. En la casa estaba mi hermano, mi mamá, mi papá y mi nana. En la cena sólo los cuatro, ya que mi nana se sentía mal y prefirió quedarse en su pieza. Esa navidad debió haber sido la mejor, pero no sé, hubo algo que me decía que ésta no sería tan buena. Es la úncia que recuerdo con lluvia. Luego de abrir los regalos nos fuimos donde mi abuela. Yo envolví un par de poleras de Snoopy, de las que mi papá tenía por montones, para llevárselas de regalo a mis primos chicos y a mis tíos. En Conce aún llovía. Nos subimos a la camioneta y en unos minutos llegamos a la casa de mi abuela. La casa era chica, nunca me gustó.
Tenía ocho años y cada mes los viajes de trabajo de mi papá eran más largos. Tenía ocho años y mis papás hablaban menos entre ellos.
Tenía nueve años y mi nana ya no estaba , seguía en el mismo colegio y vivía en la casa de mi abuela, pero sin mi papá. Tenía nueve años y mi papá me pasaba a buscar algunos días del mes. Tenía nueve años y creía que la idea de que mis papás se separaran era las más chora del mundo , ya que sería como Javier Hecker – el weón más bacán de mi curso-; tendría dos casas, más regalos y consentimientos. Tenía nueve años y no entendía por qué el Fran lloraba tanto , o por qué a veces mi mamá tenía que correr de un lado a otro y llamar para que mis tías la acompañaran en la pelu. Tenía nueve años y mis películas de Charlie Brown desaparecían, quizás mi mamá las usaba como regalo de emergencia para algún cumpleaños de los hijos de sus amigas. Mis poleras de Snoopy también se reducían y las pocas que quedaban las usaba para dormir. Tenía nueve años y ese día en el Caracol el enojo de mi papá me dio miedo.
Tenía diez años y tomamos el bus con mi abuela. Nos veníamos a vivir a Santiago. Mi papá nos fue dejar al terminal, creo que no lloré, él tampoco. Mi colegio nuevo me cargaba, nunca participe en los actos ni nada. Pero no importaba, mi mamá estaba contenta. Tenía de nuevo su propio negocio, a mi abuela con nosotros y la veía feliz. Tenía diez años y aún creía que mis papás estuvieran separados era lo mejor de la vida. Tenía diez años y creo que en esos meses vi a mi papá un par de veces. Tenía diez años y ya no me acordaba de Charlie Brown ni Snoopy.
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sábado 16 de mayo de 2009
Inteligencia Dormida - Pedro Piedra
¡Qué fácil era antes, llegar volando hasta el planeta Marte, atravesando el cielo en una nave, dibujada!Si no te despertaste, después de que vinieron avisarte, por disfrutar lo bueno de quedarte, en la cama.
Es el sueño, de una inteligencia dormida, que sueña con vivir de día, pero que no puede despertar.Es el sueño, de una inteligencia dormida, que sueña con vivir de día, pero se resiste a despertar.
En el día que morí, el cura se confundió, dijo que yo era “un gran hombre”. Mi familia me lloró. Mirando una fotografía, hicieron un brindis en mi nombre. Sólo me repito que, a veces es fácil olvidar que donde vienes y quien eres. Yo sé lo que hice bien, yo se lo que hice mal…
¡Tibia esta la cama, el sol pega en la ventana, tengo sábanas pegadas en la cara! ¡No me quiero levantar! ¡No me quiero trabajar! ¡No quiero saber nada de nada! Tráeme un espejo, a ver, si puedo reconocer, a ese viejo que me esta mirando, ¡Antes era como yo! ¡Pronto seré como él!
¡Qué fácil era antes, llegar volando hasta el planeta Marte, atravesando el cielo en una nave, dibujada!Yo quiero despertarme, antes que tú vengas a avisarme, y disfrutar lo bueno de salirme, de la cama.
Es el sueño, de una inteligencia dormida, que sueña con vivir de día, pero que no puede despertar.Es el sueño, de una inteligencia dormida, que sueña con vivir de día, pero se resiste a despertar.
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martes 14 de octubre de 2008
Fénix I
Como mil fotografías
Teníamos casi diez años cuando nos conocimos, exactamente cada uno se llevaba por 29 días de diferencia. Al principio siempre fui el más tímido, en ese momento igual era entendible, ya que venía de otro colegio y no conocía a nadie. Por cosas del destino, me senté al lado del Joaquín, que al principio me cayó pésimo, igual que su amigo Javier, juntos no paraban de molestarme desde la primera vez que me vieron. Llegar a ese colegio era una tortura, me caían todos mal, lo único que quería era regresar a mi antiguo colegio, donde estaba el Manu, la Vale y el Mati, pero sabia que era imposible, por lo menos tan luego.
Pasaban los días y sentía que no encajaba, así que decidí conformarme con mis juguetes y con el saber que mis papás me comprarían todo lo que quería. Así que daba lo mismo, para qué tener amigos si podía tener un súper nintento, una mountainbike o lo que fuese. Sin embargo, me di cuenta que las cosas no podían ser de esa forma, así que de a poco le fui hablando al Joaquín, el weón era un odioso y hasta su pelo colorín me caía mal. El weón no perdía oportunidad para molestarme y lo peor era que siempre su cómplice era Javier, así que a falta de un weón que me hiciera la vida imposible, había dos.
Ya llevaba casi un mes en el colegio nuevo, las cosas seguían igual. Un día estábamos en educación física y para variar nunca me elegían en ningún equipo para jugar a la pelota (quizás por eso hoy me cargue la wea), pero raramente el Javier me eligió para su equipo, como pajarito nuevo me pusieron al arco, de pura suerte no lo hice tan mal. Ese día salimos tarde, y mi furgón se demoraba caleta, al Joaquín lo pasaría a buscar su papá y aprovecharía de pasar a dejar al Javier, ya que vivían cerca, de hecho también vivían cerca mío. Ya se estaba oscureciendo y mi furgón no pasaba, de repente llega el papá del Joaco, le toca la bocina y sube con el Javier. Para variar pensé que me quedaría esperando solo, pero de un momento a otro el Joaco me dice si quiere que me lleven .Yo altiro le dije que sí. Me subí al auto, el papá del Joaco era demasiado chistoso y hablaba todo el rato del Audax. Nos fuimos echando bromas todo el camino, y de alguna forma la complicidad y la confianza del momento se convirtieron en la conexión que nos convertiría en los tres mejores amigos, los únicos tres mejores amigos. Fue en ese segundo que cada uno se dio cuenta que juntos seriamos algo grande, algo indestructible y que juntos íbamos a nos cuidar y defender.
Es mismo finde nos pusimos de acuerdo para ir a jugar super nineteodo a mi casa , en ese momento yo era el único que tenía . Así pasábamos tardes enteras jugando mario kart y zelda. Cuando nos aburríamos siempre salíamos a jugar a la pelota, básquet o comando , donde terminábamos sacándonos la chucha , ya que lo tres éramos demasiado picados. Creo que sin darnos cuenta esa era la forma de decirnos las cosas a esa edad, era la forma que nos hacia más inseparables. Día por medio nos sacábamos la cresta y terminábamos peleando, con mínimo un ojo morado como saldo. Pero ya casi era rutina, creo que era la forma de exigirnos sinceridad, de saber que siempre uno sería leal al otro. Siempre me acuerdo esa vez que dejamos llorando al Javier y mientras se iba corriendo a su casa se cae. Con el Joaco corrimos a ver que le pasaba, aunque en hace dos segundos nos odiáramos porque el Javier se había picado por perder en el Super Nintrndo Sin embargo, lo vimos en el suelo y la preocupación por nuestro amigo fue inmediata. Llegamos y el weón no se movía, de repente se levanta, nos mira y se caga de la risa, y nos dice “Los estaba probando, ven que aunque peleemos todo el día somos amigos”. Por weón y por asustarnos se llevo sus buenos combos en el hocico. Después, los tres nos miramos y pusimos las manos (si a lo película gringa, penoso) y prometimos que siempre nos defenderíamos y ayudaríamos. Incluso ilusamente dijimos que aunque tuviéramos 40 años y estuviéramos con hijos y esposas o pasara lo que pasara, siempre seriamos los mejores amigos. Creo que fue la primera que estuvimos concientes de lo que es la amistad, nuestra amistad.
Mientras pasaban los años, empezábamos a planificar todo juntos. Cuando el Javi cumplió 13, su papá lo metió a karate y como siempre andábamos juntos, el Joaco y yo también nos inscribimos, después a mi me metieron a hockey y también el Joaco y el Javi se inscribieron. En el colegio éramos los más “bacanes”, no pescábamos a nadie, nos creíamos la raja, aunque en el fondo de nuestro corazón sabíamos que éramos los más penosos, sobretodos cuando jurábamos que la Nati Porter andaba detrás de los tres. Pero daba lo mismo, porque nos teníamos los tres. Aunque ya éramos inseparables, el Joaco y Javi buscaban cualquier cosa para molestarme, cada vez que les contaba que me gustaba alguien, que me sacaba la cresta en hockey o me iba mal en alguna cosa. Siempre, pero siempre se ponían de acuerdo para ser odiosos conmigo, pero en ese minuto daba un poco lo mismo, porque eran mis amigos.
Mientras crecíamos, nos hacíamos más inseparables, pero también nuestros egos se hacían más grandes. El Joaco era el más piola de los tres, incluso siempre era el “conciliador” entre el Javi y yo, cuando peleábamos por alguna mina, opinión, idea, broma o lo que fuese. Creo que siempre existió esa rivalidad implícita con el Javier. Siempre creí que fue porque le quité a su mejor amigo , ya que el Joaco siempre decía que antes Javier era su mejor amigo , pero desde que llegué yo, ambos éramos sus mejores amigos. No sé, quizás esa especie de exclusividad que llegué a romper fue lo que siempre acechó nuestra amistad o simplemente competíamos por todo. Bueno, también debo reconocer que de alguna u otra forma yo buscaba discutir con Javier, quizás que se haya agarrado a la Nati antes que yo, fue lo que marcó un cierta distancia cuando cumplimos quince. A eso se sumaba que siempre le iba mejor que yo en casi todo, aunque él y yo sabíamos que yo era mejor.
A pesar de todo, siempre intentábamos hacer vista gorda, aunque teníamos la certeza que llegaría un momento que ambos explotaríamos y el trío de amigos inseparables terminaría.
Publicado por Cristóbal muñoz en 19:04 1 comentarios
viernes 25 de julio de 2008
Yo no creo que ser ambicioso sea malo
en fin ...
Gastón :Antes era más normal , tenía amigos ,tenía plata , tenía novia...
Elisa: Tuviste novia?
Gastón:Qué te parece imposible?
Elisa:No sé es raro, no te viene..
Gastón : No me viene?
Elisa:Igual te quizó y harto.
Gastón: Y cómo sabe sque me quizó
Elisa:Y como te hubiera aguantado sino...
Publicado por Cristóbal muñoz en 00:21 0 comentarios
martes 24 de junio de 2008
la música que suena
La tele está encendida y por un oído él escucha la teleserie que sigue cada tarde, por el otro pone atención en la radio que encendió para escuchar las noticias. De repente suena la música que cree que hace poco descubrió.
Le sube el volumen y sus oídos ponen atención a esa melodía añeja, roja y áspera. “En medio de un gentío…”. La tararea y piensa que sé sabe la letra. La tararea y recuerda la primera vez que la escuchó. Sabe que fue hace mucho. La tararea y sé da cuenta que aún no sé sabe la letra.
La pequeña lámpara que lo alumbra parpadea y le avisa que debe cambiar la ampolleta. La canción se acaba y espera que el azar de la radio le dé otro recuerdo. Cambia la ampolleta y suena la canción que bailaba con su nana en la cocina cuando vivía en la casa grande. De ésta letra si se acuerda. La canta y mientras lo hace se obliga a llorar. Se siente sensible y ridículo. Apaga la radio. Piensa que no es tiempo para llorar, es más se asegura que no lo sea nunca.
Mira la tele y se vuelve a aburrir. Prende el computador y una ventana le avisa que no debe llorar, que no debe creer, que no debe confiar. Se aburre y vuelve a encender la radio, ahora un hit ochentero le toca los huesos y vuelve a llorar. Sabe que ahora lo hace a propósito. Le sube el volumen y no le importa si el del piso de arriba le reclama. Se para de su silla, cierra ese consejo virtual que lo reprime y llora mientras canta. Pero ahora llora feliz, feliz porque lo pudo hacer, mientras canta "cópula y ensueño...". Piensa que ya fueron muchos recuerdos. La baja, la graba en su ipod, se pone los fonos y el abrigo café que encontró hace años cuando se creía new wave. Sale a caminar, la lluvia da lo mismo, incluso le da un toque especial y siente que es protagonista de un video clip. Camina y se acaba la canción, pero deja la reproducción aleatoria. Escucha los primeros acordes y no se acuerda cuando fue que la guardó en el ipod. De un segundo a otro le da lo mismo. Le sube el volumen y sigue caminando. Canta y le da lo mismo lo que diga la gente que lo mira extrañada. “Nada más queda…”.Un rojo lo para y se da cuenta que está haciendo el ridículo. Se saca lo fonos, apaga el ipod, corre a su departamento y abre la puerta atarantado. Prende su computador y busca el consejo virtual que lo aterriza. Borra todas esas canciones que lo hacían llorar de felicidad, pena frustración y nostalgia. Guarda el ipod en un lugar que no pueda recordar, al igual que su abrigo y sus lágrimas. Toma las llaves de su auto. Baja al estacionamiento, se sube y mira el panel. Recuerda que hace dos semanas le robaron la radio. Se siente aliviado, ya que por el resto del día no podrá escuchar ninguna canción que le haga sentir.
Publicado por Cristóbal muñoz en 22:35 3 comentarios